"El revolucionario es en todo momento un apóstol y un soldado; pero ante todo y sobre todo, es un sabio que sale a la calle (...)
El revolucionario se forja en el hombre honrado por un examen critico de la sociedad, mas bien que por una reacción determinada por el odio, la ira o la generosidad. O, mejor dicho, no es esto solo: tratase de una reacción calculada. La iniquidad social es una falta de ortografía. Todo error en las cosas tiende a rectificarse por si solo. Pero el espíritu humano debe acelerar esta rectificación orgánica por medio de la previsión, y después, póngase todo el amor que se quiera en la ejecución ordenada de lo previsto. El sentimiento -preciso motor- no debe venir sino después de la inteligencia y obedecerla. El sentimiento tiene que ser el servidor de la evidencia, él, que abandonado a si mismo, puede ser de igual modo el servidor de la locura."